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EL HOMBRE AL QUE LO CONSUMIÓ EL FERVOR

Se marchó con sus aires de renovación, sus guerras antimonopólicas, sus convicciones y con la estirpe característica del “zoon polítikon“; el animal político del que tanto hablaba Aristóteles al remarcar la influencia del hombre en la sociedad.

El 27 de octubre de 2010 quedará guardado en los archivos de la historia nacional. Un día como hoy, dirán dentro de 50 años, un personaje de relevancia en la esfera popular entraba en la inmortalidad. Un día como hoy, afirmarán dentro de medio siglo, moría Néstor Carlos Kirchner.

“Lupín”, así apodado por los amigos que cosechó durante su infancia en Río Gallegos, su ciudad natal, llegó “como quien no quiere la cosa” al centro de la escena política. Es cierto, Kirchner ostentaba una dilatada trayectoria como Gobernador de su provincia, aunque la película más gloriosa de su existencia comenzaría a rodarse un 25 de mayo de 2003, hace ya siete años, un film que culminaría encumbrándolo en los anales de las epopeyas económicas de restauración de sociedades perdidas.

Sus pasos mediáticos fueron de menor a mayor: primero con entrevistas, tanto públicas como privadas, en las que desbordaban cortesías y análisis repletos de sapiencia. Luego, ya entrado en experiencia dentro de la Casa Rosada, lo abromó el acoso de la prensa y decidió reservar sus acciones hasta plasmarlas sin el arte del discurso cotidiano.

Pertenezco a una generación diezmada“, enfatizó en el día de su asunción presidencial. Néstor Kirchner traía en sus espaldas deseos de cambiar una racha adversa para los bolsillos argentinos. Llegó desde muy lejos acarreando críticas de seres que, sin advertir sus propuestas, lo defenestraron verbalmente; citando el ejemplo más claro en la señora Hebe de Bonafini, quien argumentó que el por entonces flamante jefe de Estado santacruceño (en 2003) era “la misma mierda que Menem y Duhalde“.

Fue pasando el tiempo, fueron creciendo sus proyectos e intereses sobre la sociedad. Logró apoderarse del corazón de los jubilados, un hecho al que, seguramente, Norma Plá felicitó desde el más allá. Contribuyó al crecimiento del Producto Bruto Interno, se reabrieron las Escuelas Técnicas y se fomentó el enjuiciamiento de los partícipes y cómplices de lo que dejó el Golpe de Estado de 1976. Si hasta parece que fue ayer que, en un acto de amplia repercusión, se animó a retirar un cuadro del ex Presidente de facto Jorge Videla.

El sueño de prolongarse en el poder siguió su ruta triunfante. Fue así como Néstor Kirchner iba por más y su ambición en el gobierno lo llevó a ser el primer caballero que cedía el trono para que su mujer se hiciera cargo de los destinos de la patria. De esta manera, desligó el aparato que construyó en cuatro años, poniéndolo al servicio de Cristina Fernández. Sin embargo, la vida de “Lupín” no podría vivir sin la política; el planteo insertado en la Nación no podía darse el lujo de prescindir de los servicios del padre de la criatura.

Los rumores de un “doble comando” llevaron a internas en un sistema de gobierno que, previo a las elecciones de 2007, aceitaba su engranaje a la perfección, configurando un esquema en el que el todo fue más valioso que la parte. Desgraciadamente, la película de Néstor en el poder tendría las típicas consecuencias de quien, de tan protagonista que resulta, se enfrenta con poderes que intentarán defender sus intereses (algunos con razón, otros con meros caprichos).

El santacruceño no logró demostrar públicamente lo que sus militantes creían y siguieron creyendo hasta el día de su muerte. A las claras, Kirchner seguía siendo el patrón del Sillón de Rivadavia y Cristina la fiel heredera de una maquinaria que confundió un segundo mandato con una vuelta de tuerca a la hora de gobernar.

Es lógico: cuando se produce el deceso de una persona, ese divino hábito del elogio hacia el difunto hace su aparición por doquier. Hecha esta aclaración, vale la pena destacar que desde este sitio de internet y durante las temporadas 2007 y 2008, se redactaron notas objetivas y generalmente tendientes a criticar acciones oficialistas que, según el razonamiento democrático en el que los redactores de esta página se basaron, no favorecieron al bienestar social.

Fue en la batalla frente al agro cuando Tridente Ofensivo expuso sus publicaciones más feroces, repartiendo opiniones que generaron descontento y/o apoyo de los lectores. Fue también en este sitio cuando, en plena discusión sobre una nueva Ley de Radiodifusión, se avaló la teoría del gobierno, despojándonos de intereses y escribiendo en búsqueda del equilibrio periodístico.

Cuando los pasillos de Olivos y las fuentes periodísticas secretas sostenían que el ex Presidente no se encontraba en su pleno estado de salud, el programa de la TV Pública “6,7,8” emitió un tape en el que se dejaba a la oposición y ciertos medios de prensa tratando de “especular suciamente” con la vida de Kirchner. Fueron en esos días cuando, cualquier visionario de la medicina e incluso del periodismo podría advertirlo: Néstor no era el que el común de los argentinos conocía y, si bien su espíritu permanecía combativo, su cuerpo exclamaba reposo a gritos.

La política te lleva a todo esto” (haciendo alusión a sus problemas cardíacos), le habría asegurado Kirchner a sus médicos, quienes le aconsejaron relajar tensiones y abocarse a una vida sin la presión de quien, paradójicamente, no ejercía el cargo supremo en el Poder Ejecutivo. En contraposición a los mandatos de los profesionales de la medicina, la muerte de Mariano Ferreyra erosionó de tal forma que el ex Presidente se encomendó asimismo hacerse cargo de una agenda severa y agotadora.

En la mañana del 27 de octubre, día estipulado para la realización del Censo Nacional, Néstor Carlos Kirchner decía adiós; se marchaba dejando un legado inquebrantable para sus militantes. Se iba un intelectual al servicio de la política, un orador de cómo tomar un fierro caliente, un troesma de carácter estadista y cultura peronista. En la mañana del 27, Perón y Eva le tendieron la mano, le ofrecieron sumarse a un tridente justicialista desde el reino de los cielos.

En la mañana del 27 cerró sus ojos alguien a quien verlo en un féretro significa una postal de cómo hasta el hombre con más poder e influencias puede perderlo todo a causa de la ley divina. En la mañana del 27 se había muerto Néstor, el “zoon politikon”, el padre de familia al que le bastaron tan sólo siete años para lograr lo que sus otros colegas tardaron en medio siglo: decir un “hasta la victoria siempre” desbordante de honores.

FABIÁN GRILLO (FABIAN_5X_2@HOTMAIL.COM)

JUAN DOMINGO PERÓN, EL HOMBRE QUE LE GANÓ A LA MUERTE

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YO LLEVO EN MIS OÍDOS LA MÁS MARAVILLOSA MÚSICA, QUE PARA MÍ, ES LA PALABRA DEL PUEBLO ARGENTINO

Fue su frase celestial, decisiva, una de las tantas y célebres que supo emitir. Fue un dicho crucial, el que cerró un discurso que significó cumbre a la hora de expresar todo el afecto que le rindió el pueblo argentino desde mucho antes de 1945 hasta 1974.

Cuando regresó en 1972, tras dieciocho años de proscripción, nada era lo que fue. La juventud había evolucionado, los veteranos que defendieron su doctrina ahora estaban más grandes y muchos de ellos habían sido aniquilados. La política era únicamente una disciplina desempeñada por las Juntas Militares. Los obreros lo reclamaban a gritos, al igual que las organizaciones de izquierda, derecha y neutrales del propio peronismo. Lo único que se mantuvo firme y convincente fue el amor y la representación de los sectores carenciados y el fanatismo con que ellos lo admiraban.

Fueron los grupos combativos los que, empujados por su apoyo desde el exilio, lucharon en pos de la vuelta del líder a la patria. Se creó Montoneros, organización cuyo fin era vengar las muertes de los caídos en defensa del peronismo durante las década del 50 y 60. Se cometieron crímenes y lo que en principio Perón denominó “resistencia peronista”, se transformó luego en una catarata de desobediencia y decisiones que excedían la palabra del general.

El mismo caudillo que se alzó de gloria un 17 de octubre de 1945, sufrió y no pudo controlar su estado de vejez casi treinta años después. Cuenta la leyenda que, en una oportunidad, quisieron que le hablara a la multitud detrás de un vidrio blindado : amenazó con renunciar e irse a España. De 24 horas que tuvieron sus días tras el regreso al país, Perón brillaba sólo en nueve. El resto eran de reposo, lectura y una agobiante agenda a la cual no le pudo corresponder como hubiese deseado.

El se sabía enfermo, se sabía diezmado en poder y conocía que su entorno configuraba una amenaza a partir del tremendo ascenso de José López Rega. ” General, ¿qué hace éste hombre en su gabinete?… Y que querés que haga hijo, si yo no puedo sacarlo “, disparó el líder del PJ cuando un periodista le cuestionó la presencia de López Rega.

Las tarifas se disparaban increíblemente, los precios aumentaban y la inflación tocaba límites cuasi galopantes para la economía. La recesión y las críticas de los sectores opositores aumentaban con mayor frecuencia. Ante la ola de crímenes y venganzas que se sucedían día a día, Perón emitió un comunicado en el cual señalaba que los grupos guerrilleros ya habían “excedido” el límite previsto. El asesinato de su ladero José Ignacio Rucci, su discurso agresivo para con Montoneros y un contexto obrero que no veía cambios a pesar de tener a su gran general en el mando, prendieron la mecha e hicieron que el tiempo que le quedaba de vida al ex Presidente se consumiera repentinamente.

Dejó la jefatura de Estado vacante. Ese cargo lo ocupó su mujer Isabel Martínez, quien se vio sobrepasada por la situación y sucumbió en errores muy propios de aquellos que se sienten impotentes ante cierta responsabilidad. El 1 de julio de 1974 había muerto Perón, el hacedor de las batallas dialécticas que hicieron separar familias, unir sindicatos obreros y desafiar al capital yanqui en territorio local.

El 1 de julio de 1974 se había ido Perón, el Perón odiado por muchos y amado por otros. El general que cambió la historia para unos y también para otros. El hombre que dejó un legado que hasta el día de hoy es imborrable. Su cuerpo yacía inmóvil, su espíritu se inmortalizó en la República Argentina.

ATENCIÓN: NOTA REEDITADA, FUE PUBLICADA EN JULIO PASADO.

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Por Fabián Grillo (fabiangrillo19@hotmail.com.ar)

Guillermo Moreno -> Crónica de un soldado siempre cercano a la delgada línea roja

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Comenzó a tornarse un funcionario muy útil para el ex Presidente Kirchner tras la salida de Roberto Lavagna del Ministerio de Economía. Formaron un vínculo casi indestructible : Néstor manejaba la estabilidad según su criterio y con personajes manipulables en el Palacio de Hacienda, mientras que Moreno era su riñón de confianza irrumpiendo en el INDEC. Desde allí sometió los índices de precios, los de las canastas básicas y demás cuestiones. Formó su propio grupo de ayudantes, relevó empleados y enfrentó paros generales en el organismo.

Se fue haciendo fuerte Guillermo. Visitó constantemente la Bolsa de Comercio, acordó precios a su manera y se presentó en el plenario de Congreso cuando las cosas se complicaban en la lucha Gobierno – Campo. Defendió sus ideas delante de un conglomerado de senadores opositores y oficialistas, fue denunciado por el líder radical Gerardo Morales y se retiró del recinto con una sonrisa en su rostro. Moreno había ganado terreno, había logrado cosas increíbles : ser cuestionado por diversos sectores y aún así acallar voces como las de “Chiche” Duhalde, María Eugenia Estenssoro y Adolfo Rodríguez Sáa, entre otros.

Se presentó en Plaza de Mayo con Kirchner, el diputado Carlos Kunkel y una multitud que coreaba sus nombres bajo las eternas banderas de la Juventud Peronista. Allí, el Secretario de Comercio entonó al rugir de los bombos y redoblantes, el Moreno Hit, cuyo estribillo señalaba el recordado ” Olé Olé, Olé Olá, gorila p… vas a pagar las retenciones del Gobierno popular “. A pesar de mostrarse como un soldado peronista de primera hora y enfatizar que había que armar un mapa para encontrar a los ruralistas que armaban piquetes y cortaban rutas, el Ejecutivo cayó en Congreso y no pudo sancionar la ley de retenciones elevadas al agro.

Parecía que tras la derrota en el parlamento, el cachetazo político recaería sobre aquellos que se hicieron dueños de un proyecto de ley que no fue aprobado. Sin embargo, ante la insistencia de Elisa Carrió, quien reclamaba la urgente despedida de Moreno, la Presidenta lo reconfirmó en su cargo. El Secretario de Comercio seguía sujetando el chaleco antibalas a su cuerpo y se volvía cada vez más invulnerable.

Mientras que la campaña electoral de cara a las legislativas de este año tenía a un Néstor Kirchner entusiasmado con ser diputado y recorriendo barrios a diestra y siniestra,  el mensaje presidencial era claro : no voten a la oposición, ya que ellos implementan viejas políticas. Contradictoriamente con este mensaje, Moreno seguía actuando con su grupo de tareas y decisiones compinches con el Ejecutivo, decisiones tan antipáticas y devaluadas como el mismo artilugio político que utilizaban sus patrones para ganar la elección.

Para desgracia del funcionario más cuestionado del Gobierno, el sistema político al que defendía (y aún defiende) chocó contra una pared y cayó democráticamente el domingo 28 de junio. Y siempre la misma película, todos los dardos apuntaban a la salida de Guillermo de su cargo. Pero no amigos, nuestro súper hombre volvió a eludir las heridas y se refugió debajo de la sotana kirchnerista, aquella que se vio obligada a distanciar a los fieles Ricardo Jaime, Sergio Massa y Carlos Fernández.

Hecha la depuración, se avecinan horas claves para Moreno. Son instantes en los cuales o sale nuevamente ileso de las cenizas del infierno como el Ave Fénix, o se hunde como el Titanic. En caso de sobrevivir en su rol, pasaría a integrar la nómina de aquellos impenetrables de la historia local. En el hipotético imaginario de irse del Gobierno, su figura también quedará marcada a fuego como el rol más cuestionado de un esquema que se asemejó mucho con su personalidad.

Guillermo Moreno unplugged

fabi tridente

El “Gran Titiritero” -> Crónica de un “vendedor de ilusiones”

duhalde

Regresó al país tras su estadía en Europa, donde descansó, puso su mente en remojo, analizó fríamente la situación política argentina y finalmente volvió a su tierra natal. Peronista de alma, ocupó todos los cargos que puede ocupar alguien que tiene basta trayectoria política. Fue concejal, intendente, legislador, Gobernador y, para coronar su obra maestra, se dio el lujo de ser Presidente.

Tuvo frases célebres y definiciones que acallaron voces, aunque sus afirmaciones públicas más resonantes fueron tres : ” Cafiero será el titular del Partido Justicialista, pero Menem es el Presidente y tiene más derecho “, ” Menem es el sucesor de Perón “, ” El que depositó pesos recibirá pesos, el que depositó dólares, recibirá dólares ” y ” De La Rúa se fue por inútil “, entre tantas otras.

Como todo político histórico despierta amores y odios. Son sus fervientes admiradores los que no se cansan de enfatizar que salvó a la economía argentina de la debacle absoluta, devaluando el peso y designando a Lavagna como Ministro de Economía. Sus detractores no dudan al sintetizar que confiscó un 60 por ciento de los depósitos de los ahorristas que depositaron dólares, que su gobierno presidencial generó caída del PBI y que fue él quien ordenó la matanza de los piqueteros Costequi y Santillán.

Previo al choque de fuerzas y errores garrafales del Gobierno de Fernando De La Rúa, afirmó mirando a la cámara en un programa de televisión que el sistema político radical de aquel entonces ” no terminaría su mandato “. Fueron muchos los sectores que lo acusaron de golpista encubierto, señalándolo como el hombre que perdió las elecciones de 1999 y buscó por todos los medios ser Presidente en los primeros meses de 2002.

El ex jefe de Estado interino Adolfo Rodríguez Sáa, confesó hace ya más de siete años que el “ Gran Titiritero ” no lo dejó gobernar, aclarando que le impuso planes y amenazas para desarmar sus proyectos. ” Tengo miedo de que me maten, pero eso es mejor preguntárselo a Menem y Duhalde “, disparó el ex Gobernador de San Luis tiempo después de la caída de la Alianza radical.

Su figura crecía y el peronismo lo vio como el ser humano que se haría responsable de encaminar los destinos del país ante la crisis nacional. Ciertos errores y un caos que no le permitió una pura gobernabilidad hicieron que debiera adelantar las elecciones democráticas. No quería irse del poder para traspasarle la banda y el bastón a su viejo amigo y quien luego se transformaría en su más fiel enemigo : Carlos Saúl Menem.

Planeó una estrategia para ubicar en el poder a un ladero suyo, alguien a quien pudiese imponer normas, restringir actos o discutir libremente opciones. Eligió a Manuel De La Zota, pero el cordobés no quiso aceptar. Luego fue por Carlos Reutemann, quien no se mostró seguro y su desconfianza no le permitieron cerrar al tratado. Fue allí cuando apareció la figura de Néstor Kirchner, el pingüino de la Patagonia, el muñeco al que el periodista Mariano Grondona en cierta ocasión denominó ” chirolita y manipulable “.

Tras la poseción de poder por parte de Kirchner, quien mantuvo en un principio al Ministro de Economía del proceso del “Gran Titiritero”, la relación empezó a desgastarse y la lucha rumbo a las legislativas de 2005 se dividió entre Chiche (la mujer del hombre al que este texto hace alusión) y Cristina Fernández, la senadora y esposa de Néstor Kirchner.

El tiempo pasó y el kirchnerismo alternó con buenas y malas, hasta que la dura derrota en las elecciones legislativas de este año golpeó y sacudió las puertas del oficialismo. La imagen del titiritero estaba opacada, se escondía tras las luces, no se mostraba públicamente y nadie quería hacer negocios políticos con él. Sin embargo, la vida te da sorpresas y post proceso eleccionario, su aura reapareció con un tono sutil de aire renovado y consejos pidiendo diálogo a la Presidenta actual.

El “ Gran Titiritero ” está de nuevo entre nosotros, quizás nunca se haya ido del todo, tal vez su subconsciente siempre rondó los pasillos de Casa de Gobierno, su segundo hogar desde 1989.

fabian grilo