DIEZ AÑOS DE SOLEDAD

Final de año en la Argentina dejó de ser lo mismo desde aquél “frío” 21 de diciembre  de 2001.

Ha pasado una década y, sin embargo, las memorias del horror quedaron aún intactas en el común denominador de la población. Es que, tal si fuese una obra de terror macabra, el Presidente que había asumido en 1999 para salvar al país de la irrisoria y devastadora campaña de aniquilación patriota del menemismo, culminó siendo una despreciable figura mediática devorada por la creciente demanda social, el hambre de un pueblo en llamas y, sobre todo, su propia impericia para gestionar.

Acosado por los medios, apesadumbrado por las noches de insomnio y con menos lucidez que nunca, Fernando De La Rúa, “Chupete” en su seno íntimo, se vio sobrepasado en su rol de Jefe Supremo de la Nación, claudicando así a todos los derechos que la democracia le confirió cuando, dos años antes de su marchita partida, un “señor” apodado “Carlitos” le pasó mucho más que un bastón y una banda de poder; le traspasó la responsabilidad de diez años de pura fiesta, encubrimientos políticos, vaciamientos desmedidos y, para coronar la frutilla del postre y la cereza del helado, un país donde ni siquiera el zoológico pertenecía a manos nacionales.

“Chupete” olfateó que algo venía torcido ya desde su asunción. Ni bien llegó a Casa Rosada, se encontró con más de 150 decretos presidenciales que había firmado Menem en su último día de mandato. Con el corazón caliente y la cabeza fría, De La Rúa revisó uno por uno, como un entusiasta de la política, como un personaje que llega a donde llegó por el apoyo masivo de un pueblo sediento de que alguna vez en la historia contemporánea argentina, existiera una “real equidad” entre los miembros de la sociedad. Fue así como las expectativas se comieron a Fernando, lo redujeron a ser tan sólo un ente caminante de Olivos y le hicieron ver de una vez por todas a un pueblo cuán peligroso puede llegar a ser la verdad cruda cuando a tiempo no existe la defensoría de los derechos ciudadanos que nadie puso freno en la denostada y ciertamente vulgar “década de los noventa”.

De La Rúa no se fue por represivo, se fue por inútil“, sentenció el ex Gobernador de Buenos Aires, el doctor Eduardo Duhalde, tiempo después de la ida de Fernando. Fue el mismísimo Duhalde quien, meses previos al necesario y fatal hundimiento del Titanic radical, vaticinó que “de no revertir la situación existente, el gobierno no terminaría en buenos términos”. Su frase, popular por cierto, veía la luz en aquellos programas amarillistas que emitían los canales en los cuales se les permitía a sus periodistas exponer el testimonio de lo que Don Arturo Jauretche denominaría “cualquier vende patria”. Justamente en esos estudios, donde las palabras de los mismos que sabotearon al país eran en aquél 2001 “palabra santa”, se pudo escuchar a Carlos Menem defenestrar a quien sería uno de los reemplazantes de De La Rúa, el inefable Adolfo Rodríguez Sáa, personaje que denunció públicamente extorsiones por parte de Duhalde y que, posteriormente, se transformó en socio político de “Carlitos”.

Voces sólo voces como eco, como atroces chistes sin gracia; hace mucho tiempo escucho voces y ni una palabra“, rezaba un fragmento del exitoso tema de la banda Callejeros. No es casual traer al texto esta canción en puntual, ya que, analizándola con cautela, podremos observar que cada palabra de aquél tema podía relacionarse con el pasado nuestro, el de nuestra Argentina, el de la Argentina de 2001. El deber periodístico nos llama a la hora de armar un texto, razón por la cual sería carente de objetividad del redactor de ésta nota no aclarar que, aunque parezca tragicómico, Eduardo Duhalde le puso el certificado de defunción al plan Convertibilidad del menemismo/radicalismo y emprendió el camino del “salvataje” económico que vería su veranito feliz encaminado por el Ministro de Economía Lavagna y la astucia de Néstor Carlos Kirchner, el “chirolita de Duhalde” según el periodista Mariano Grondona, el hombre del sur del país que llegó cabeza gacha en 2003 a la presidencia y que se fue del mundo en 2010 coronado entre honores, críticas y emociones; pero que sobre todas las cosas le devolvió al suelo nacional algo que se había perdido: política, militancia popular, ganas de soñar y un terreno para crecer.

Pasaron diez años, muchos han quedado en el camino. Los demonios sobrevuelan Plaza de Mayo en cada diciembre. Seguramente los libros de historia contemplarán la ida del radicalismo de Casa Rosada como el tiempo donde “el pueblo pidió que se vayan todos”, donde “la peor crisis económica nacional tocó las puertas de las casas y acabó con la fiesta para unos pocos”.

 FABIAN GRILLO (fabiangrillo@hotmail.com.ar) 

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Acerca de Tridente Tridente Ofensivo

REDACTOR, IDEA Y CREACIÓN: Fabián Grillo; periodista y periodista deportivo, estudiante de abogacía de la Universidad Católica de La Plata, secretario del estudio jurídico "Unamunzaga, Layús y Asociados".

Publicado el 23 diciembre 2011 en 1 y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. mafiososs que nos estafaron y nos dejaron sin pais, oaguen en la carcel!!!!!!!!!11

  2. PARECE MENTIRA QUE HAYAN PASADO DIEZ LARGOS AÑOS VIEJO, SI FUE AYER QUE LOS VEIA Y NO PODIA CREER LO QUE ESTABAN HACIENDO CON ESTE PAIS. SI AUN ASI NOS LEVANTAMOS ES PORQUE TENEMOS MUCHISIMA RIQUEZA NATURAL VIEJO. SALUDOS MUY BUENO.

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