Entradas de Septiembre 2009

El susto en la Casa Blanca surgió a raíz de que circulara por la red social Facebook, una encuesta en la cual se le preguntaba a los usuarios si deseaban “asesinar a Barack Obama”.
La consigna era “¿Debe ser asesinado Obama?”, una pregunta que traía consigo cuatro ítems donde la gente podía elegir entre las opciones “Sí”, “Sólo si se mete con los seguros de salud”, “No” y “Quizás”.
La red social está llena de encuestas de esta índole, aunque cuando el sarcasmo toca tan de cerca las imágenes de los presidentes estadounidenses, la cuestión pasa de ser broma a tomar recaudos. Es de amplio conocimiento que en la historia de EE.UU han acabado con la vida de cuatro jefes de Estado.
La nómina fúnebre se inició en 1865, cuando asesinaron a Abrahm Lincoln, el primer político republicano en asumir el poder. Luego, en 1881, James Garfield fue víctima de otro atentado contra republicanos presidentes de la potencia mundial.
Desgraciadamente y contra todos los pronósticos, William McKinley, en 1901, pagó caro haber asumido la presidencia cinco años antes, puesto que terminaron con su existencia mientras concurría a una exposición. Habría más, ya que en 1963, John Kennedy se convertiría en el primer y único demócrata yanqui en ser asesinado.
Fueron cuatro, esa es la razón por la cual en Facebook semejante encuesta genera conmoción y cautela por parte del Servicio Secreto. De la mano de Darrin Blackford, titular de la entidad que protege a la Casa Blanca, saben que todo forma parte de una broma de mal gusto, aunque nunca tendrán la guardia baja por si acaso.

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Etiquetado: Facebook, Matar a Obama

Haga memoria: un hombre cuyo cargo era el de intendente de Arroyo Seco, Provincia de Santa Fe, se expresaba mediáticamente en contra de los robos en su pueblo, haciendo alusión a que si alguien veía a un ladrón, que no lo matara, pero que le diera una “buena paliza” para que sirva de lección.
Su frase más recordada, la de “molerle los huesos” al delincuente, recorrió todos los canales de aire y cable nacional. La curiosidad fue que, el domingo 27 septiembre, Miguel Angel Coradini, el hombre de la polémica, obtenía su reelección en el cargo de intendente.
Su caudal de votos alcanzó los 4.132 sufragios, contra 2.935 del Frente Progresista, su más inmediato perseguidor. De cierto modo, la gente de Arroyo Seco apostó a mantener las políticas que implementó Coradini, quien tras haber aconsejado “tomar el toro por las astas” con respecto a la inseguridad, luego se reivindicó públicamente y pidió perdón.
Quizás la votación en Arroyo Seco, una ciudad de Santa Fe, haya pasado desapercibida. Lo que vale la pena destacar es que, como ha ocurrido en otros casos, las poblaciones tienden a dejar pasar actitudes como las que Coradini tuvo.
Tal vez a los ciudadanos les haya significado un dato menor ; a lo mejor, lo que la gente realmente buscó en las elecciones fue seguridad.

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Dentro de las 250 normas principales que los legisladores analizan con énfasis, se encuentra un punto que no se condice con lo que el Gobierno implementó en 2005. Hace cuatro años, el Estado le permitió a las compañías con más de diez licencias, invertir y ramificarse a tal punto de lograr la cosecha de más y mejores sistemas.
El ingreso de medios digitales y el mejoramiento de las transmisiones, significó un aliento para los grandes dueños del poder informativo. Es lógico, por esos tiempos no se analizaba seriamente convertir en ley una nueva propuesta de radiodifusión.
Luego de la derrota del kirchnerismo ante el campo en Congreso el año pasado, el oficialismo borró con el codo lo que había escrito con la mano años atrás. Ahora y en caso de no derogar la medida que obliga a desprenderse de acciones, muchos multimedios masivos perderán licencias y deberán olvidarse de ellas en el lapso de un año.
Si bien habrá nuevas posibilidades laborales y se incrementará la diversidad de opiniones (ojalá), los dueños de licencias casi que “rematarán” sus acciones en pos de cumplir con parte de la nueva ley nacional.

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Se rumorea que la Secretaria de Estado yanqui, Hillary Clinton, se fastidia cuando los reporteros le preguntan acerca de su marido, el ex Presidente Bill Clinton. ” Si necesita saber algo acerca de la política del país me lo pregunta a mí. Yo no puedo contestar cosas por mi marido “, enfatizó un tanto furiosa Hillary en una conferencia internacional semanas atrás.
Es lógico que tras haber perdido las elecciones internas del Partido Demócrata, la esposa de Clinton se haya quedado con un gusto amargo políticamente hablando. Ella quería ser mandataria, deseaba con todas sus fuerzas realizar una gestión igual o mejor que la que supo llevar acabo su marido entre 1993 y 2001.
El pueblo estadounidense no le brindó su apoyo absoluto en las internas para enfrentar a los republicanos, pero las vueltas de la vida la premiaron con un puesto importantísimo dentro del gabinete de Obama. Aún así, ella sabe que para muchos representa la imagen de Bill Clinton, aquel estadista que se retiró de la presidencia con un país en superávit fiscal, sin batallas ni odios internacionales y con un nivel de casi 70 % de aceptación popular.
En sus tiempos libres, Hillary analiza que, cuando se postuló como candidata, el caudal de votos que obtuvo fue producto de la imagen de su marido. Ella sabe que gracias a la influencia de Bill, combatió de igual a igual a Obama.
Lo que pudo haberle causado molestias fue que, a pesar de ser mujer, su contrincante interno estaba en las mismas situaciones de desventaja, puesto que Obama representaba a la raza discriminada de Norteamérica. Con esos condimentos se enfrentaron, con esos datos y a pesar de ser Hillary la ex primera dama de una impecable gestión, cayó ante el hombre que conduce actualmente los destinos de EE.UU.
¿Qué sentirá Hillary al sentarse en la mesa junto con su amado esposo? El le brinda su apoyo y contención, pero lo indisimulable es que Bill se transformó en el ideal político de la gente. Mientras ella perdió la interna y se conforma con un rol dentro de la estructura del sistema vigente, él acumula elogios, visita países y da clases de administraciones ejemplares.
Cuidado Bill, no vaya a ser cosa de que Hillary se transforme en la nueva Lorena Bobic.

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No se resigna a la idea de que fue destituido por un golpe de Estado. El ex Presidente constitucional de Honduras, Manuel “Mel” Zelaya, regresa a su patria en busca del máximo poderío, el que le quitaron de sus manos cuando Roberto Micheletti encabezó su derrocamiento hace más de tres meses.
Se refugió en la embajada brasileña y desde allí convocó a sus seguidores a retomar el orden social con sus aspiraciones de reconquistar el trono máximo. Se protege de sus fieles y advierte que de su país lo sacarán “solamente muerto”. El “caudillo” (si la palabra es la adecuada júzguenlo ustedes) cuenta con el apoyo del venezolano Hugo Chávez, quien se comunicó con Zelaya y le manifestó su agrado tras enterarse de que “Mel” pisó nuevamente territorio hondureño.
Nunca es bueno que alzamientos militares se pronuncien y menos en épocas en las cuales la democracia florece en América ; sin embargo, vale la pena subrayar que fue el mismísimo Zelaya quien pisoteo abruptamente la democracia de su país al querer desafiar a la Carta Magna.
El ex Presidente de Honduras se creyó Chávez, expresó abiertamente que si querían ubicarlo a la izquierda de la política, él se pondría alegre. Manifestó que era un fiel devoto del régimen del dictador venezolano y hasta se animó a inculcarle el socialismo a los chicos hondureños en los colegios. No conforme con esto, buscó por todos los métodos la reelección, a sabiendas de que era algo impensado.
El tiempo pasó y Zelaya no se conforma con mirar las noticias de su país desde afuera. Quiere retomar el mandato que le despojaron, intenta hacerse dueño de un poder que le negaron una mañana en la cual lo levantaron de su cama y lo expulsaron de su región.

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Etiquetado: Honduras, Manuel Zelaya